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miércoles, 2 de marzo de 2011

Little Angel


Estás bien?- preguntó ella mirándolo a los ojos.
No- respondió él, tratando de esquivar la mirada perfecta de Lucía, de la cual estaba perdidamente enamorado.
Ella sintió que todo lo que estaba ocurriendo ya lo había vivido, era un dejavú, tomaba aire para no desmayarse, fingió una sonrisa para sentirse mejor, para alegrar la noche fría y triste, esa noche en la que todo acabaría.
Qué tienes? – preguntó Lucía, sabiendo lo que él contestaría.
Nada, me siento asfixiado, entiendes?- tomó al hilo un sorbo de agua helada, hacía esto cuando necesitaba que su corazón se “enfriara”, para poder continuar lo que tenía que decir.
Lucía se sentó, necesitaba apoyar su cuerpo en algún lugar, para no sentir la caída, sabía lo que venía por eso se preparaba.. .es verdad que había ensayado este momento mil y un veces en su cabeza, pero no era la misma situación, ahora era real, ahora sabía que todo esto tendría un final.
Sebastián la miró, se enterneció al verla frágil, la amaba, es verdad!, siempre la amo pero él necesitaba otra cosa, tenía muchos planes a futuro, muchos pendientes por cumplir y ella no era la pieza con la que debía moverse, entonces era mejor cambiar de fichas, de juego y poner punto final a esto. Eso era lo acordado desde el día en el cual la conoció, no había retroceso.
Lucía ensayaba las palabras que tenía que decir, debía ser fuerte, ella sabía que eso ocurriría, intentaba tomar agua helada para que su corazón se helará pero no funcionaba, al contrario este latía más rápido, parecía que le daba la contra.. se preguntaba en qué había fallado, qué pasaba, por qué, miraba alrededor como si huyendo de todo las cosas se facilitarían. Se preguntaba muchas cosas y no encontraba respuestas para ninguna… Sebastián se sentó a su costado, la abrazo, le dijo que la quería, que le agradecía todo pero que necesitaba espacio, tiempo, libertad … Lucía lo miró, trataba de comprender, de reprimir las lágrimas, de sonreír pero ese teatro le salía pésimo, no sabía fingir, era algo que nunca había aprendido. Lucía centró su mirada en un árbol y empezó a hablar, no podía verlo, si lo hacía no podría decir nada y le costaría marcharse, tener que decir adiós para siempre porque ella sabía que eso sucedería.
Sebas, entiendo, no digas nada, es mejor así – dijo Lucía mientras la voz se quebraba y el árbol se convertía en pequeñas gotas de agua.
Sebastián la abrazo, le pidió que lo perdone, que entendería luego, que era mejor así, que algún día le agradecería esto… que él no podía estar más tiempo con ella, que el momento con ella ya había culminado. Le dio un beso en la frente y ella lo abrazó, le agradeció todo lo bueno y también lo malo, con él aprendió mucho, no eran enamorados, mucho menos novios; eran algo más que eso, compañeros, mejores amigos, los incondicionales, su alma gemela... Sebastián le dijo que siempre estaría para ella, bastaría con evocarlo e imaginarlo y él regresaría a ella, no físicamente pero sí espiritualmente, le susurró palabras al oído, era la primera vez que se enamoraba de alguien, era la primera vez que le costaba decir adiós, las reglas del juego estaban dadas desde un comienzo pero él las había olvidado, deseaba que todo esto sea mentira y ser uno más del montón pero no era así.
Ya era hora de partir, la abrazó, la besó por última vez y le dijo algo que nunca había oído de él “Lucía, te amo”… Lucía no creía lo que oía, los ojos se llenaron nuevamente de lágrimas, no sabía si era de emoción o de tristeza, ella le dijo que se cuide, que también lo quería y que siempre pensaría en él… el sonido de la lluvia reinaba la escena, ella ya no podía hablar, la voz se le quebraba, debía ser fuerte pero su tonto corazón no entendía eso.
Sebastián se levantó de la banca de aquel parque en el cual se conocieron, esa banca en la cual la encontró por primera vez y le empezó a hablar, esa banca en la cual se enamoró de ella y olvidó que no debía hacerlo, que él estaba acá por otra cosa, que si rompía las reglas, tarde o temprano, la dañaría. Le dio el último beso, la abrazo y le dijo nuevamente que la amaba.
Cuando Lucía levantó la mirada, él había desaparecido, ya no estaba a su costado y mucho menos en el parque, reaccionó, lo buscó, quería detener su camino pero no estaba, era como si hubiese desaparecido, literalmente, del mundo.. de pronto sintió una gota de agua caer sobre ella, levantó la vista y vio a Sebastián, se elevaba, regresaba a su hogar, era un ángel, su ángel guardián. Cerró los ojos y sintió nuevamente su presencia, no se había ido ni se iría, siempre estaría ahí, en ella, dentro de ella y con ella.

jueves, 10 de febrero de 2011

Yo no te pido la luna


Despierto más alegre y viva que nunca, supongo que debe ser porque hoy es viernes!, fin de semana, tan esperado por mi y mucha gente que lo único que desea es salir, salir de la rutina, de la absurda rutina.. de pronto recuerdo que había sucedido algo, recuerdo que ayer no estaba tan feliz, recuerdo que dormí abrazando la almohada mientras una lágrima salía de mis ojos y pensando por qué? … sí, recuerdo que regresaron otra vez los malditos sueños, que no sé si son pesadillas o qué, sueño que él me llama, que él está conmigo, que converso con él y cuando despierto él no está, cojo el celular y me doy cuenta de que fue otro sueño tonto, otra mentira creada por mí, otra mentira en mi vida. Trato de recordar el porqué de mi tristeza, el porqué de las lágrimas.. salgo a dar una vuelta, la mañana es soleada aunque corre un viento que despeina mi húmedo cabello y me hace tambalear, odio los días soleados, no hacen “juego” con la tristeza que -a veces- llevo, veo a lo lejos una tienda, camino por inercia y pido un “Sorrento”, y de pronto voy recordando todo… recuerdo que antes compraba sorrentos por doquier cuando estaba mal, porque decía que el chocolate me daba fuerzas, alejaba la tristeza de mí y me ponía feliz, doy la primera mordida a mi Sorrento, el cual me “mira” con cara de “Stop! No me comas, vas a engordar”, hago caso omiso, y de pronto siento que todo regresa.. siento un dejavú, recuerdo todo, el por qué de mi tristeza, recuerdo el pasado, recuerdo por qué ayer dormí abrazando a mi almohada, recuerdo que había alguien más, lo recuerdo… doy otra mordida y de pronto me traslado al 2010, siento aquello que mi corazón sentía cuando él me dejaba esa resaca emocional, simplemente por qué no estaba preparado ni con ánimos de empezar algo serio, decía que nada de etiquetas pero sí hacer todo lo que esa etiqueta involucraba aunque nadie se entere y yo aceptaba el juego tonto… muchas veces me pregunté por qué? y sólo una respuesta sugería todo lo que hacía.. estaba enamorada, de los recuerdos, de todo lo que hacía por mí, de esa manera especial de llamar mi atención, de lo similares que éramos, de nuestros gustos por la comida, la música y el cine, de nuestras tonterías para hablar, de esa manera loca de querernos y sobre todo por comprendernos.. sí, por eso aceptaba, no por qué me gustara estar en el maldito limbo, no! No por eso, si no por qué lo quería a mi manera… recuerdo las infinidades de veces en las que mis amigas me decían que me aleje, que no merecía nada ni mi amistad ni que le hable y mucho menos que lo salude.. que elimine de mi vida su presencia, que la venganza era dulce y yo trataba de asimilar eso, trataba de decir que podría hacerlo pero no, no pude, nunca pude, no hay odios ni rencores y mucho menos reproches, a esta altura solo hay recuerdos, decido quedarme con los buenos, decido guardarlos en una baúl y sacarlos para recordarlo pero también decido que no merezco estar en el limbo, que no vale la pena estar triste por algo que ya me hizo llorar muchas veces, que es mejor lejos que cerca y que ya no llegará, nunca más, el miércoles para nosotros .… regreso a la realidad y me doy cuenta que mi sorrento se acabó, me siento mejor, sonrió y pienso que no pedía tanto, que no te pedía el sol ni tampoco te pedía la luna.
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